sábado, 11 de septiembre de 2010

fiesta y exceso

Están terminando las fiestas de Valladolid. La fiesta es algo intrínseco al ser humano. Que seamos libres nos lleva de la mano a que hagamos cosas bien y cosas mal, y por eso que "nos salgan" las cosas bien o mal. Cuando nos salen bien (un aprobado, una boda, un buen trabajo, etc) parece que hay que celebrarlo, porque el ser humano tiene que compartir las cosas buenas (también las malas, pero aquí hablamos de celebrar). Y la celebración consiste, pura y llanamente, en "pasarse de la raya" como consecuencia de ese salirnos bien las cosas. El exceso, por tanto, si está orientado a la celebración, no creo que tenga nada de malo. Se puede hablar de excesos razonables y de excesos absurdos. En este último caso, cuando se busca el exceso por el exceso (¿excesos excesivos?), la celebración se vuelve, sencillamente, absurda y, a la postre, aburrida. Vivimos en una sociedad que sublima el exceso, pero no se da cuenta de que se ha hecho a sí misma aburrida en sus continuas borracheras, en sus risas falsas, en su forzarse a demostrar que es feliz... felizmente aburrida por sus aburridos excesos.

1 comentario:

  1. La fiesta siempre engarza con la eternidad: bien como recuerdo de la felicidad paridisiaca que tuvimos y perdimos o bien como promesa de una felicidad celestial. Hay fiesta porque somos eternos y porque, mediante ella, decimos que el mundo se nos queda pequeño, es una vulgaridad. Vulgarizar la fiesta es lo más triste que nos puede pasar, algo así como la obturación del retrete... nos ahogamos en la mierda!

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