
Leo en todos los diarios digitales que un grupo de antitaurinos se han despelotado en las ventas "para protestar contra la tortura". De un tiempo a esta parte despelotarse puede ser síntoma de diferentes opciones. Por un lado, está la liberación de viejas ataduras morales. Estar en pelota sería el resultado del desgajarse uno mismo de una tradición milenaria oscura, sectaria y cristiana de apegamiento al pacato sexto mandamiento de la ley de Dios. Por otro lado, puede ser un mero intento de llamar la atención, véase el stricker que se lanza con la huevera al aire en diferentes encuentros deportivos, siempre que éstos sean seguidos por numeroso gentío. También está el que usa su desnudez con el objetivo de protestar. ¿Centrales nucleares? Me despeloto y protesto. ¿Guerra? Me despeloto y grito. Nos lo tendrían que haber dicho de pequeños y, en casa, nos habríamos despelotado cuando no nos gustaba la sopa. Tal vez nos habrían hecho más caso. En cualquier caso, siempre nos quedará el consuelo de saber que este hecho no significa más que vivimos en un país reprimido tras treinta años de despelote generalizado. El destape no nos liberó de la líbido, sino que nos ha hecho más reprimidos si cabe. El mejor modo de demostrarlo es ese: si alguien está en pelotas, te aseguras muchos ojos...
Qué triste.
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