
El roto... o cómo hacer de un oficio supuestamente cómico un arte que dé que pensar.
Antón Retaco dice lo que yo no me atrevería a decir en ningún caso. No tiene respeto humano, ni rubor ninguno, y, además, es un simpático impertinente. Bienvenidos a su blog.

Acabo de ver "Todo lo que tú quieras", de Achero Mañas. Como ya dije, el cine puede ser algo grande, y en esta ocasión lo es. Vaya si lo es. La grandeza del amor de un padre, la confusión y la enorme nostalgia de una pequeña que ha visto en directo el fallecimiento de su madre sin poder hacer nada, el dolor de un homosexual que se siente despreciado... todo ello mezclado de una forma muy, muy humana. Exhorto a que sea vista esta película. Qué grande puede ser el cine. Qué grandes pueden ser los padres. Qué grande es el ser humano. La película se articula en torno a una frase: "Su felicidad te importará más que tu sufrimiento".
Están terminando las fiestas de Valladolid. La fiesta es algo intrínseco al ser humano. Que seamos libres nos lleva de la mano a que hagamos cosas bien y cosas mal, y por eso que "nos salgan" las cosas bien o mal. Cuando nos salen bien (un aprobado, una boda, un buen trabajo, etc) parece que hay que celebrarlo, porque el ser humano tiene que compartir las cosas buenas (también las malas, pero aquí hablamos de celebrar). Y la celebración consiste, pura y llanamente, en "pasarse de la raya" como consecuencia de ese salirnos bien las cosas. El exceso, por tanto, si está orientado a la celebración, no creo que tenga nada de malo. Se puede hablar de excesos razonables y de excesos absurdos. En este último caso, cuando se busca el exceso por el exceso (¿excesos excesivos?), la celebración se vuelve, sencillamente, absurda y, a la postre, aburrida. Vivimos en una sociedad que sublima el exceso, pero no se da cuenta de que se ha hecho a sí misma aburrida en sus continuas borracheras, en sus risas falsas, en su forzarse a demostrar que es feliz... felizmente aburrida por sus aburridos excesos.